martes, julio 19, 2005
La Ventana de enfrente, de Ferzan Ozpetek.
Giovanna está casada hace nueve años con Filipo. Durante estos nueve años ha tenido que sacrificar sus sueños hacia la repostería para tener que trabajar en un criadero industrial de pollos.
A Filipo, su trabajo, le ha impuesto una distancia con Giovanna que roza la crisis conyugal.
No es que el amor entre ellos se haya apagado. Simplemente el espacio para encontrarse en el afecto; a puesto sus sentimientos en duda.
A Giovanna no le sobra el tiempo; apenas los minutos que antes de irse a la cama ocupa en fumar un cigarrillo y espiar por esa ventana los movimientos de su vecino de enfrente. Que se ha transformado en una obsesión ante la crisis que asedia como un veneno a la pareja.
Y es ahí donde empiezan a cruzarse la Vida de Guiovanna con esa otra historia. La del anciano que ha perdido la memoria pero que no le ha hecho perder su aire distinguido. El desconocido que la pareja alberga cuando lo descubre perdido en un puente de Roma.
El director mueve los hilos de una historia donde genocidio, sexualidad y vínculo amoroso aparecen superpuestos.
Dos historias, en principio paralelas.
Ella y su Vecino se entrecruzan para seguir la pista del anciano y encontrarle paradero. Aquí las dos historias comienzan a mezclarse; poco a poco aparecerá una tercera: el marido; también enfrentado con su deseo, con la desesperación de que hay algo que se le está escapando.
La ventana no es una puerta; no se puede saltar. Si se salta, se corre el riesgo de caer a un lugar donde ya no hay retorno. Quizás esta sea la metáfora mas acertada.
El deseo se ha transformado en la cadena: se ha pasado desde el Instante de ser un mero observador, al tiempo de comprender. La ventana, acaso no más que una simple mentira para engañar al deseo; para sostenerlo.
La ventana es la metáfora con la que el autor nos dice, que paremos antes de pensar, que lo que está fuera, es mejor, que lo que tenemos.
Todo si amamos se construye despacio , muy despacio y desde la búsqueda del uno mismo, la esencia fundamental de esta cinta.
"- No te conformes con sobrevivir."
A Filipo, su trabajo, le ha impuesto una distancia con Giovanna que roza la crisis conyugal.
No es que el amor entre ellos se haya apagado. Simplemente el espacio para encontrarse en el afecto; a puesto sus sentimientos en duda.
A Giovanna no le sobra el tiempo; apenas los minutos que antes de irse a la cama ocupa en fumar un cigarrillo y espiar por esa ventana los movimientos de su vecino de enfrente. Que se ha transformado en una obsesión ante la crisis que asedia como un veneno a la pareja.
Y es ahí donde empiezan a cruzarse la Vida de Guiovanna con esa otra historia. La del anciano que ha perdido la memoria pero que no le ha hecho perder su aire distinguido. El desconocido que la pareja alberga cuando lo descubre perdido en un puente de Roma.
El director mueve los hilos de una historia donde genocidio, sexualidad y vínculo amoroso aparecen superpuestos.
Dos historias, en principio paralelas.
Ella y su Vecino se entrecruzan para seguir la pista del anciano y encontrarle paradero. Aquí las dos historias comienzan a mezclarse; poco a poco aparecerá una tercera: el marido; también enfrentado con su deseo, con la desesperación de que hay algo que se le está escapando.
La ventana no es una puerta; no se puede saltar. Si se salta, se corre el riesgo de caer a un lugar donde ya no hay retorno. Quizás esta sea la metáfora mas acertada.
El deseo se ha transformado en la cadena: se ha pasado desde el Instante de ser un mero observador, al tiempo de comprender. La ventana, acaso no más que una simple mentira para engañar al deseo; para sostenerlo.
La ventana es la metáfora con la que el autor nos dice, que paremos antes de pensar, que lo que está fuera, es mejor, que lo que tenemos.
Todo si amamos se construye despacio , muy despacio y desde la búsqueda del uno mismo, la esencia fundamental de esta cinta.
"- No te conformes con sobrevivir."
